Islotes de Wenteyao, en el centro la Rüka Kura.

Durante años para la civilización occidental no existió lo que hoy conocemos como Océano Pacífico. Fue en 1513, atribuyéndose a Vasco Núñez de Balboa, que se entendió que el mar que veían era un cuerpo distinto al Atlántico, desde el que provenían. Mar del Sur, así se llamo, pero fuera de ese y otro nombre ya había sido descubierto hace más de 10.000 años por las tribus canoeras que llegaron hasta el último rincón del planeta, el cono sudamericano. Dado que la hegemonía cultural era muy fuerte en el siglo XIV, es que a pesar de ser este un espacio conocido por los pueblos que habitaban y ser denominado de múltiples formas en sus voces locales, Fernando de Magallanes rebautizaría el nombrado Mar del sur de Vasco Núñez Balboa como el Océano Pacífico, lo que daría origen a la toponimia actual de este enorme universo marino.

En las comunidades que habitan el wallmapu, y en particular las que habitan la Fütawillimapu ha existido una relación esencial con el océano como un importante proveedor de alimentos, el respetado y reverenciado Ngen Lafken. La leyenda de Millalikan, guiado por Wenteyao, nos presenta el rol que ha jugado históricamente el océano en los momentos más duros de la sociedad que habita el cono sur. Por medio de él se reciben alimentos y se goza de un clima propicio para las cosechas, además de desarrollar el equilibrio ambiental. Hoy el planeta no encuentra ese equilibrio y estas fuerzas naturales, que buscan recuperarlo, se manifiestan en las transformaciones del cambio climático, el derretimiento de hielos, las islas de basuras y el desabastecimiento de bienes naturales; donde nuestra responsabilidad es el pilar fundamental en la configuración de una nueva relación. Es así como en este nuevo ciclo corresponde iniciar profundizando nuestra relación con el océano y el Itrofill Mongen que en éste habita, haciendo memoria a quienes hace más de 10.000 años vieron una ruta por donde lograr buscar un mejor lugar para habitar.

Esta fecha, establecida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), busca destacar la importancia de nuestros océanos y lo que bajo su manto se resguarda.Cabe recordar que ellos proveen más del 50% del oxígeno del planeta tierra y son capaces de regular el clima, junto a proveer a más de 3 mil millones de personas en el mundo el sustento diario para su vida.

Tras la llegada de los Nguillatun en este período y la solicitud a Wenteyao, como intermediario con el Ngen Lafken, para solicitar un buen clima en el nuevo ciclo que se nos viene, no debemos olvidar de solicitar la fuerza para que como pueblos que habitamos el cono sur seamos capaces de enfrentar de manera sostenible el escenario mundial que nos acecha.Es por ello que esta vez el clima no es sólo de carácter físico, sino que también social y económico. Durante años las comunidades hemos sido concientes que la naturaleza posee derechos y en esta crisis ambiental que vivimos debemos ser claros al momento de querer recuperar el equilibrio en el planeta de habitamos.

Es por ello y aprovechando el contexto constituyente del país es que presentamos 3 puntos que debería contemplar la constitución entorno a valorización, gestión y manejo sostenible del océano, que cohabitamos con numerosos otros pueblos, pero donde tenemos una voz importante que visibilizar.

1.- Transparencia y fiscalización de la información ambiental del país, llevando registro y monitoreo de cualquier tipo de antibiótico que se ocupe en el mar, tanto en la salmonicultura como cualquier otra actividad económica que ocupe como soporte el cuerpo marino.

2.- Manejo y recuperación de las zonas de sacrificio, estableciendo la necesidad de desarrollar una institucionalidad que tenga injerencia y capacidad para proveer la sostenibilidad de los bienes marinos, base para la vida diaria de numerosas personas. Esta institución debe promover la investigación en los bienes marinos, sobretodo considerando lo más de 4 mil kilómetros de costa que posee nuestro país.

3.- Generar una institucionalidad ambiental robustecida, por medio de una Fiscalía del Medio Ambiente y una Defensoría ambiental, donde se puedan resguardar los derechos de la naturaleza, logrando proveer herramientas jurídicas para la defensa ambiental del océano.

La biodiversidad que habita los más de 2.180 islotes y 3.700 islas, hoy sufre un enorme peligro. La necesidad de gestionar, bajo modelos de valorización patrimonial, estos ecosistemas es la tarea que tenemos hoy. Los resultados se verán en un par de décadas, por lo que somos los responsables directos de entregar un mejor planeta para las siguientes generaciones.

Colonia de Pingüinos Magallánicos en el Islote de Wenteyao.