Leüfu Rawe – Fotografía propia
La construcción de los espacios urbanos en el territorio williche-mapuche ha conllevado el desarrollo de una hegemonía cultural que ha invisibilizado la cultura local, conectada a la naturaleza y al küme mogen. Las migraciones desarrolladas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, de las comunidades williche-mapuche hacia el espacio urbano, fueron elemento central del crecimiento de las ciudades desde Valdivia a Punta Arenas. Este fenómeno migratorio conllevo la evolución del espacio urbano, la cual se estructuró en base a la segregación, ubicando a la población williche en espacios territoriales específicos del desarrollo de las ciudades en el territorio austral.
La evolución cultural williche está marcada por la cultura mapuche, la que en la actualidad cobija las culturas indígenas de la zona austral, de la misma forma como protegió durante siglos el avance de la cultura occidental colonizadora al sur de los ríos Bio-bio, Neuquén y Negro. Desde el sur de estos ríos se puede observar con claridad las formas en como las comunidades locales se relacionan con la naturaleza, las cuales han trascendido en el tiempo y son parte del patrimonio cultural de nuestro planeta.
Las comunidades williche del territorio künko son conocidas por la fuerza que les permitió resistir el avance español hasta 1793, año en el firmaron el Tratado de Paz de las Canoas, dando cierre a la autonomía terrtiorial con la que se articularon durante siglos. Sus singularidades religiosas y lingüísticas evidencian una evolución cultural particular, donde destaca la figura de Wenteyao, ubicado en el complejo espiritual de Pukatriwe, espacio de peregrinación para las comunidades williche de la Fütawillimapu.
Un ejemplo específico de esta configuración fue el desarrollo urbano que tuvo la reducción de Rahue en el Chaurakawin. Este espacio, se configuró como un centro comercial al cual las comunidades viajaban para intercambiar sus productos, fruto de esto también surgieron una serie de cantinas que daban espacio a la embriaguez de los viajeros, lo que conllevo acentuar la comprensión occidental del pueblo mapuche como uno vago y borrracho, elementos que según diversos historiadores (Bengoa, Baradit, Cayuqueo) construyeron la red argumentativa para el genocidio que sufrieron las comunidades de parte de los Estado Chileno y Argentino.
La cultura rahuina, como algunos nos atrevemos a nombrarla, destaca por sus elementos populares. Este espacio se distingue del territorio de Osorno, cedido por las comunidades en el Tratado de las Canoas (a punta de fusil), el cual se configura por medio de la colonización de diferentes migrantes, especialmente alemanes, quienes actualmente han valorizado el espacio urbano en base a su cultura. Es así como las casas alemanas se han estructurado como un elemento patrimonial de la ciudad, en conjunto a la cultura ganadera, elementos que fueron parte de la modificación en el sistema económico que promovió la cultura colonizadora hegemónica. Uno de los elementos que destaca en este espacio cultural tiene que ver con su conexión al lafkenmapu, el cual se sigue dando hasta la actualidad gracias al desarrollo de espacios como la Feria de Rahue, como también por la religiosidad que aun mantienen comunidades que habitan en el espacio urbano respecto al Ngen Lafken.
Durante los últimos 30 años la migración campo ciudad es algo que todavía se hace presente en el territorio, es por ello que tanto las comunas de San Juan de la Costa y Río Negro destacan por la disminución de su población, en particular joven, la cual se ve obligada a salir de su mapu, principalmente por razones laborales o educacionales. Su migración, como población de las capas más pobres, se ve dirigida al sector de Rahue. Esto ha generado transformaciones en el sentido de pertenencia, como también perpetuar elementos de discriminación que afectan el desarrollo de estos nuevos habitantes del espacio urbano. La afectación a la salud mental es una de ella, donde la vida de la warria difiere mucho de la configuración que se tiene en el territorio de estos nuevos habitantes del espacio urbano.
Hoy además de los 80 mil habitantes, Rahue, destaca por la existencia del Casino Marina Sol, el Molino Rahue y la Feria antes nombrada. A pesar de que según los estudios realizados en el 2010 el territorio entrega un gran aporte a las arcas de la comuna de Osorno, la inversión pública sigue estando dirigida al otro lado del Río, desde donde proviene la élite que gobierna la ciudad. En este escenario es que como organización visualizamos la necesidad de fortalecer la identidad local del territorio por medio de programas de financiamiento que apoyen el sentido de pertinencia de quienes habitan los diversos sectores de Rahue.
En este escenario surge la necesidad de apoyar el levantamiento, hasta ahora principalmente autogestionado por las comunidades, de rukas en el espacio urbano. Pero más allá de eso también va por la valorización del Itrofill Mogen en el Leüfu Rawe, un espacio que ha sido profundamente afectado por la contaminación llevada por diversas empresas privadas, donde destaca la sanitaria ESSAL. Para ello creemos necesario recuperar algunos de los elementos que estuvieron presentes en el espacio cultural y que tras la llegada de la iglesia católica fueron erradicados, en esto se observan espacios ceremoniales, canchas de palin y chemamül.

La ley nº19.253 actualmente en su artículo nº7 manifiesta que “El Estado reconoce el derecho de los indígenas a mantener y desarrollar sus propias manifestaciones culturales, en todo lo que no se oponga a la moral, las buenas costumbres y al orden público”. Esto actualmente no es posible de desarrollar de parte de quienes habitan el territorio, debido a la carencia de espacios públicos que permitan el desarrollo de estas prácticas. Más aún el artículo continúa manifestando que “El Estado tiene el deber de promover las culturas indígenas”, las que formas parte del patrimonio cultural. En este contexto es que consideramos realmente importante generar un presupuesto que permita la recuperación cultural del territorio, enfrentando elementos que han aparecido o acentuado en la construcción social de la marginalidad; como lo es la droga, la violencia de género y el deterioro de la salud mental.
Actualmente la valorización cultural del küme mogen en un contexto de crisis climática y en general la relación con la naturaleza que poseen quienes habitan tanto el Wallmapu como la Fütawillimapu, agudiza la importancia de conservar este patrimonio cultural cada día más valorado y avanzar a una nueva relación con la naturaleza que quienes habitan el Chaurakawin.
Una articulación exitosa de este proceso apoyaría la reconstrucción cultural del patrimonio cultural en los espacios urbanos del Estado Mayor del Sur, entregando una oportunidad de configurar espacios sostenibles que determinen la resistencia culturaldesarrollada por numerosas personas y organizaciones desde esta región en el Abya Yala.
Sixto Salazar
Geógrafo.
Hábitat e Interculturalidad
Centros de Estudios Comunitarios
Asociación GeoEduca

